Slackline: más que un deporte, una
filosofía de vida
Por: Katty
Paola Collantín Cardona
El rostro de cinco jóvenes se transforma, en sus ojos
hay un brillo especial y su mirada se concentra en un punto fijo. Para ellos, estar sobre la cinta
es como caminar en una nube que les permite estar en un estado de equilibrio en
todos los aspectos de su vida.
Entre los árboles del Circo Medellín, cinco
integrantes de la escuela Slack Art Medellín alistan todos sus materiales,
entre ellos una pequeña grabadora en la que solo suena música electrónica, para
tener un día más de entrenamiento. Esta es su vida, y aunque muchas personas no
conozcan su deporte, ellos siguen luchando día a día para que su esfuerzo sea
reconocido.
Todo comenzó con una salida
de ‘parche’[1].
“El deporte lo conocimos en Ciudad del Río, pero no le dimos mayor importancia
y nos fuimos rápido de ahí, luego de practicarlo comenzó a ser para nosotros
una forma de matar el tiempo libre y terminó siendo casi para todos una
filosofía de vida que nos invita a estar equilibrados en cada uno de los
aspectos de nuestra vida”, recuerdan los jóvenes del grupo mientras realizan su calentamiento previo.
“Para
nosotros esta cuerda del Slackline es la cuerda de la vida, en la que te montas
y tienes que mantener el equilibrio, no puedes dejarte caer y si te caes no
puedes dejar que eso te afecte”, expresa Santiago Espinosa, estudiante de
arquitectura y practicante de Slackline, mientras espera sentado en un tronco a
que alguno de sus compañeros le permita usar la cinta.
El Slackline, que en español traduce
cuerda floja, es definido por Santiago y sus compañeros como una modalidad parecida
al funambulismo o equilibrio, que
consiste en anclar una cinta de poliéster o nailon (de
15 a 20 metros de largo)
entre árbol y árbol o estructura y estructura, generarle una tensión y crear en
esta una superficie firme pero inestable sobre la cual se puede caminar, hacer
posturas de yoga, equilibrio, acrobacias y mucho más.
El
Slackline, según la página slacklife.org, tiene origen en el Valle de Yosemite, en California, a
principios del año 1980. Dos escaladores, Adán Grosowsky y Jeff Ellington,
comenzaron a caminar por cadenas flojas y cables cercanos a los aparcamientos
como forma de entretenimiento. Con el tiempo el deporte floreció entre los
escaladores del valle y posteriormente se expandió a todo el mundo.
En
Colombia esta práctica tuvo sus inicios
en el año 2008, cuando los extranjeros empezaron a realizar el deporte en los
parques, haciendo que este se comenzara a difundir de esta forma.
Un
deporte no apreciado
“Hace
un año y medio éramos solo cuatro personas quienes ensayábamos con este
deporte, pero hoy en día podemos hablar de más de 60 u 80 practicantes”, explica
Sebastián Castañeda -‘Casta’-, profesor de la escuela
Slack Art Medellín, quien afirma también que aunque hace falta masificación en la
práctica y difusión de este deporte, muy pronto será más apreciado.
Juan Carlos Rodríguez Ramírez, coordinador de las
nuevas tendencias deportivas del Instituto de Deporte y Recreación de Medellín
(Inder), cuenta que desde las líneas de trabajo que tiene el Proyecto Adrenalina consideran al Slackline además de una nueva tendencia en la
ciudad, como una práctica de fácil aceptación y llamativa para quienes buscan
otro tipo de eventos deportivos, diferentes a los convencionales.
Además Juan Carlos afirma que, “el deporte está en
crecimiento, ya que más personas se interesan en practicarlo teniendo en cuenta
los beneficios físicos,
sociales y cognitivos. Desde Inder Medellín procuramos y es nuestra razón de
ser, el apoyar este tipo de prácticas y por ello desde el año anterior
hemos estado trabajando con ellos en pro de que el deporte crezca,
teniéndolos en cuenta en exhibiciones en diferentes eventos lugares y eventos
en la ciudad”.
Sebastián dice que sí han recibido
apoyo del Inder, pero que aun así hace falta más visibilización por parte de los
gobernantes y también más tolerancia por parte de los agentes del estado y de
la sociedad, porque estos no están prestos para deportes nuevos y mucho menos
deportes de tanto riesgo como es catalogado el Slackline.
Esa
falta de tolerancia la vivieron algunos practicantes del Slackline el 5 de diciembre de 2014 en el parque San Pío en la
ciudad de Bucaramanga, donde agentes del estado los interrumpieron para
agredirlos porque presuntamente estaban dañando el pasto del parque. “Pedimos
que se alce la voz por el Slackline ya que no somos delincuentes”, expresa José
Soto Ruiz en un video que
compartió en su canal de Youtube.
Alternativas
diferentes para gustos diferentes
“Balancea tu cuerpo, centra tu espíritu y equilibra tu ser,
Slacklife”, es la frase con la que se identifican los practicantes de la
escuela Slack Art Medellín quienes tienen como focos de entrenamiento la Universidad de
Antioquia, Ciudad del Rio y el Circo Medellín.
El
Slackline cuenta con diferentes modalidades entre las que se encuentran:
·
Yoga
Slackline, realizar yoga sobre la cuerda
·
Highline,
caminar sobre cintas ubicadas a más de 20 metros
de altura
·
Longline,
cruzar de un lado a otro y realizar diferentes
posturas en equilibrio en una cinta de más de 30 metros de largo
·
Waterline,
se realiza encima del agua
·
Rodeoline,
cuerda muy poco tensada en forma de U donde se
busca conseguir un balanceo
·
Trickline,
donde se practican principalmente saltos y trucos de
destreza
Para
Lilibeth Hidalgo, practicante del Slackline, licenciada en educación física y
profesora de Karate de la Universidad de Antioquia, lo más atractivo del
deporte es la modalidad del Trickline donde la
cinta se ubica tensa a poca distancia del suelo 1,20 metros, tiene de 16 a 20
metros de largo y se realizan trucos y saltos.
Estos deportistas buscan que se quite el estigma –de
ladrones, drogadictos, delincuentes- que se les tiene a los que practican las
disciplinas alternativas y diferentes. “Queremos demostrar que en Colombia no
solo existe el fútbol, sino que hay más deportes disciplinas y artes que nos
ayudan a crecer como personas, deportistas y seres humanos”, expresa ‘Casta’.
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